BUENAS PRÁCTICAS PARENTALES Y DESARROLLO DE LA CAPACIDAD DE RESILIENCIA EN NIÑOS , NIÑAS Y ADOLECENTES

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Por: Ps. Dulfa Escorcia Escorcia Magister en Psicología Terapeuta de Familia y de Parejas Diplomada en Neuropsicopedagogia BUENAS PRÁCTICAS PARENTALES Y DESARROLLO DE LA CAPACIDAD DE RESILIENCIA EN NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES Ser padres suficientemente buenos en estos tiempos es todo un desafío, la tarea de criar hijos es cada vez más compleja; mucho estrés laboral, dificultades familiares y sentimentales, compromisos sociales, las diversas situaciones a las que son expuestos nuestros hijos, las redes sociales, Bullying, y todas las formas de acoso. Nuestros hijos demandan tiempo, dedicación, cariño y esfuerzo. Somos seres sociales por naturaleza, nos hacemos Uno con un Otro, y para los niños su primer y más importante Otro, son los padres o cuidadores. El vínculo más fuerte e importante para el recién nacido, es aquel que se establece con sus padres y cuidadores; el desarrollo emocional en gran parte dependerá de este vínculo o apego, que puede ser inseguro o seguro. En consulta me encuentro con casos de personas que se les dificulta expresar y gestionar sus emociones, lo cual les causa múltiples dificultades en sus relaciones interpersonales. El apego seguro asegura en buena parte el buen desarrollo infantil, base para la salud mental de los futuros adultos, el apego seguro nos hace personas confiadas de sí mismas, con autoestima, capaces de afrontar situaciones conflictivas sin debilitarse fácilmente, con capacidad de resiliencia. El apego seguro es un colchón que permite amortiguar los golpes que la vida nos presenta. Muchos crecen con apego inseguro generándoles temores, inseguridad, ansiedades, trastornos de la conducta y de vinculación, entre otras tantas patologías. Un indicador de apego inseguro es cuando todo nos causa sensación de angustia, quizás porque de pequeño no se tuvo una figura que le preparara para gestionar esas sensaciones. Los padres o cuidadores se convierten en referentes positivos en la medida en que cubran las necesidades de los pequeños, tales como: protección, buen trato, empatía, apego seguro, socialización, educación, estimulando así el desarrollo de la capacidad de resiliencia y confianza en sí mismo y en su entorno. Como padres o maestros es clave saber qué son las emociones y cómo gestionarlas; y de esta manera es posible legitimar las emociones de nuestros hijos o estudiantes, permitiéndoles entender que estas aparecen y que son normales, sin embargo en cada situación el adulto debe acompañar con una narrativa que le explique al niño qué esta sintiendo, porqué y cómo manejarla. Ahora bien, surge la pregunta ¿Es posible recomponer, reparar el apego inseguro? la respuesta es: por supuesto que es posible con trabajo terapéutico, entre más temprano se inicie el proceso es mucho mejor.


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